Mientras se pasea en el columpio, yo me tumbo febril en un banco del parque. Me empeñé en vencer la gastroenteritis de pie y sin meterme en cama, pero no surtió efecto.
Durante el balanceo, ella piensa en sus cosas, que deben ser mil por minuto. Algunas las suelta inocentemente, otras se las calla y no habrá nunca forma de las que suelte.
Esta vez, tranquilamente, se hace la ornitóloga mientras ve volar algunos gorriones por encima de su cabeza:
-Lo malo de ser un pájaro es que no puedes conducir, no te puedes montar en columpios ni te puedes tirar por el tobogán.
-Bueno, Olivia, pero puedes volar.
-Ya, pero eso es un rollo: Volando no puedes ir a Córdoba, por ejemplo, ni a la playa.
Y la ví tan convencida que preferí no argumentar.
Etiquetas: Animales
