New adventures (in B&W)

Olivia con tres años, siete meses y tres días.

Parecía que el viaje varias veces aplazado para conocer a Hakon iba por fin a darse por hecho. Después de un par de noches en buena compañía, dábamos por hecho inflarnos por segunda vez ese fin de semana de arroz con conejo. Deberíamos andar
por aquí

cuando el “mojón chino” decidió que tampoco ese domingo conoceríamos a otro primo.

Tirados con El Carpio recién pasado y cerca sólo de Las Maruanas, vestido con el chaleco verde reflectante que sólo te queda bien si trabajas en FCC y estás torrado como una almendra de Santa Pola, Olivia no parecía llevar tan mal la espera del gruista.

Su madre, que tampoco lo llevaba tan mal, intentaba que Olivia no viese el asunto como una catástrofe, pero ya parecíamos haber dado suficiente información con nuestras caras y ella había llegado a su propia conclusión:

Su madre.- “Bueno, Olivia, esto también es una aventura.”

Olivia.- “Sí, mamá, aunque una aventura un poco triste.”

Finalmente, tendré que dar la razón a aquéllos que sostienen que tener hijos compensa. Aunque en sentido estricto la gracia no “resarce del daño, perjuicio o disgusto que se ha causado”, te ríes un rato. Eso sí.

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