Hay olores, olores, olores…

Olivia con tres años, siete meses y 23 días.

Después de un daño irreparable a base de rotuladores “de ésos que se borran” a la estrella del salón

decido sacar el armamento químico, para lo que intento alejar a Olivia del fétido olor (aunque a mí me gusta) del NH3, diluído y aromático, del Mercadona (el del bote morado).

Después de un microsegundo alejada, se asoma por la puerta y pregunta:

– “¿A qué huele?

– A amoníaco, sal de aquí.

Pasa otro instante, vuelve a asomarse y pregunta.

– “Se ha ido ya el olor a sobaco”.

El caso es que podría explicarse, incluso químicamente, la cosa. Pero igual quedo peor. Mucho peor.

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