Bloody day

El día de la extracción de sangre dió para mucho.

La verdad es que, para saber lo que le esperaba, se comportó de forma tranquila. Aunque lo esperado eraConcerto grosso, no pasó de Concierto de cámara y el resto del día lo dió estupendamente.

Nos lo tomamos de fiesta los dos juntos y dimos nuestro paseo por La Corredera, haciendo varios mandados de esos que sólo pueden hacerse en día laborable. Una delicia.

La crisis, ¿qué crisis?

La crisis, ¿qué crisis?

Después de uno de ellos, nos sentamos tanquilamente en un banco de La Corredera a ver pasar gente. Mientras desliaba una chuche, pasó un abuelete por delante del banco que, enervado por cualquiera de esas situaciones que sólo los mayores de 60 años que oyen la COPE lo pueden hacer, vino a decir:

-“¡Sí hombre, ahora con la crisis que hay, se van estos a poner a hacer eso”. Cualquiera cosas que “estos” y “eso” fueran.

Olivia, atentísima a la indignación expresada por el hombre, me mira muy seria y me pregunta:

-“Papi, ¿qué es la crisis?”.

Me quedé un poco schocked e improvisé una respuesta.

-“Pues es cuando tienes varios problemas al mismo tiempo y no sabes cómo resolverlos”.

Más tranquila, me dice:

-“Ah!, bueno, pero nosotros no, ¿no?”.

De alguna forma, algo estará haciendo uno bien, o rematadamente mal, cuando ella no ve problemas a su alrededor.

El culpable de todo, todo

El culpable de todo, todo

En la ducha, ese mismo día, su conclusión era expeditiva, aunque ya no se acordaba de la crisis para nada:

-“Papá, ¿hoy me han sacado sangre?”, dice mirándose el pequeño punto rojo del brazo izquierdo.

-“Sí, hija, hoy ha sido”.

-“Bueno, pues que sepas que todos los médicos del mundo tienen la culpa. Ni tú, ni yo, ni mamá”; argumenta de forma contundente señalándonos con el dedo índice a cada uno cada vez.

-“La culpa, ¿de qué, hija?”, le pregunto.

Y sin dudar, responde:
-“De todo, papá, de todo”.

Solar system

Solar system

Por si el día no había dado de sí suficiente, se acuesta y, con el último aliento del día, se queda mirando los planetas que tiene colgados del techo y dice sin venir a cuento de nada:

-“Entonces, el sol es un país lleno de fuego, ¿no?”.
-“Sí, hija; pero es una estrella llena de fuego”.

Se para un poco para continuar con su argumento y piensa en voz alta:

-“Entonces,… ¿los bomberos…?”.
-“Los bomberos, ¿qué, Olivia?.
-“¿No pueden apagarlo con las mangueras?”.
-“No creo que haya mangueras que lleguen tan alto, hija”, le digo.
-“Pero si se suben a un tejado de una casa, entonces sí llegarían…”

Y se quedó dormida. Roncando, pero dormida.

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