Archive for the ‘Precisiones’ Category

Anatomía de Grey

21 noviembre 2011
El cuello humano

Lo útil que es el cuello

El parque le da para mucho pensar, no sé por qué.

En aquella ocasión le dio por la anatomía. Como ella suele soltar estas cosas, sin venir a cuento de nada y mientras giraba el cuello arriba y abajo y a un lado y a otro, como si quisiera demostrar lo que a continuación diría, soltó:

La parte más importante del cuerpo es el cuello, porque sin él la cabeza saldría volando

Para no dejarme salir de mi asombro, continuó:

Y luego los brazos, que te dejan abrazar a tu papá.

Mientras se me tiraba al cuello, apretántome con sus bracitos.

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Pueden volar y tal, sí, pero…

15 noviembre 2011

Bah, puede volar

Mientras se pasea en el columpio, yo me tumbo febril en un banco del parque. Me empeñé en vencer la gastroenteritis de pie y sin meterme en cama, pero no surtió efecto.

Durante el balanceo, ella piensa en sus cosas, que deben ser mil por minuto. Algunas las suelta inocentemente, otras se las calla y no habrá nunca forma de las que suelte.

Esta vez, tranquilamente, se hace la ornitóloga mientras ve volar algunos gorriones por encima de su cabeza:

-Lo malo de ser un pájaro es que no puedes conducir, no te puedes montar en columpios ni te puedes tirar por el tobogán.
-Bueno, Olivia, pero puedes volar.
-Ya, pero eso es un rollo: Volando no puedes ir a Córdoba, por ejemplo, ni a la playa.

Y la ví tan convencida que preferí no argumentar.

La seriedad de un padre

14 noviembre 2011

Yo, antes de Olivia

No tiene por qué ser esta misma, pero podría servir. Tengo el mismo rictus ridículamente serio en muchas fotos de carnet.
El caso es que esta noche, cenando, me saca una cartera donde coleccionamos carnets con fotos y que a ella le encanta repasar.

Llegando al carnet de la biblioteca mira la foto y me dice convencida:

¿Así de serio eras antes de tu hija?.

La frase es divertídisima, no lo dudo, pero me hace pensar en cómo es posible que tenga identificado, para empezar, el antes de ella y el después de ella en nuestras vidas y, además, con esa capacidad de asumir tan tranquilamente que yo ahora soy menos serio y que ella (ese “antes de tu hija”) pueda ser el motivo.
Debe ser cosa del lenguaje no verbal, que dice más de lo que decimos.

El tablero

11 mayo 2009
Piezas

Piezas

De vez en cuando, y creo que para hacerme la pelota, me dice:

-“Papi, vamos a jugar al ajedrez”

Lo que se traduce en:

-“Yo juego con las blancas, que salen primero”.
-“El caballo, ¿cómo come?”. Y el alfil, ¿cómo come?. Y el peón, ¿cómo come?” y así hasta que pregunta todas las piezas. Se ve claramente cuál es su intención, más o menos igual que cuando juega al parchís.

También son bien conocidos su cabreos y sonoras broncas cada vez que sale una pieza blanca del tablero.

Recientemente, se me ocurrió jugar sólo batallas de peones y le encanta. Sobre todo porque el que llega al final se convierte, ¡¡¿cómo no?!!, en Reina, como dice ella.

El otro día, cuando ya ella había hecho la suya, le digo:

-“Ea, ahora me toca a mí. Mi peón ha llegado al final y se convierte en reina también”.

Y ella:
-“No papi, eso no puede ser. Tu peón se convierte en príncipe”.

Y ahí seguimos…

Más sobre la cadena de mando

10 noviembre 2008

Olivia con tres años, ocho meses y seis días.

Un sábado de aupa, tirasyaflojas y resituación del orden de los monos en la jaula.

Muy enfadada, Olivia discute con su madre en el salón y vuelve a salir el tema del mando en plaza.

Olivia.- “Aquí mando, yo”

Su mamá.- “No, aquí no mandas tú”

Olivia.- “Bueno, pues entonces, aquí riño yo”

Su mamá.- “No, aquí tú no riñes.”

Olivia.- “Bueno, pues entonces, aquí me enfado yo”.

Y así es. Aquí se enfada ella cuando quiere y ya está.

¿Quién manda aquí?

4 noviembre 2008

Olivia con tres años y siete meses y 28 días.

Para intentar atajar las crisis de poder que se establecen todos los días a la hora de la ropa, montarse en el coche para volverse de casa de los abuelos y la ya de por sí extenuante hora de la cena, hemos recurrido a la técnica de reforzamiento de acciones positivas con premios inmediatos.

No hay pasta de por medio, claro, sólo caritas sonrientes o tristes en el cuadro de abajo que, rápidamente se han convertido en el eje central de su actividad diaria.

caritasEl primer y segundo día admitió que su padre o su madre fueran los que otorgaran el “premio”, pero al tercer día, el viernes, tomó el mando sobre el cuadro, pretendiendo pintar ella cara que le tocaba en función de cómo se había portado.

Este momento de golpe de mano es el divertido. Toma el papel, coge el rotulador y, pretendiendo pintar ella la primera cara del viernes, le digo:

“Las caritas las pintan mamá o papá, porque aquí mandamos nosotros”. A lo que contesta, aún con su rotulador en la mano:

“A partir de ahora, aquí mando yo”.

A parte del momento, la cosa funciona. Digo que funciona lo de las caritas, porque son todas sonrientes las del sábado y el domingo. O sea, que se porta bien pensando en ganarse la cara sonriente.

De lo que todavía no es consciente, o plenamente consciente al menos, es que lleva mandando desde hace tres años, siete meses y 28 días.

New adventures (in B&W)

25 octubre 2008

Olivia con tres años, siete meses y tres días.

Parecía que el viaje varias veces aplazado para conocer a Hakon iba por fin a darse por hecho. Después de un par de noches en buena compañía, dábamos por hecho inflarnos por segunda vez ese fin de semana de arroz con conejo. Deberíamos andar
por aquí

cuando el “mojón chino” decidió que tampoco ese domingo conoceríamos a otro primo.

Tirados con El Carpio recién pasado y cerca sólo de Las Maruanas, vestido con el chaleco verde reflectante que sólo te queda bien si trabajas en FCC y estás torrado como una almendra de Santa Pola, Olivia no parecía llevar tan mal la espera del gruista.

Su madre, que tampoco lo llevaba tan mal, intentaba que Olivia no viese el asunto como una catástrofe, pero ya parecíamos haber dado suficiente información con nuestras caras y ella había llegado a su propia conclusión:

Su madre.- “Bueno, Olivia, esto también es una aventura.”

Olivia.- “Sí, mamá, aunque una aventura un poco triste.”

Finalmente, tendré que dar la razón a aquéllos que sostienen que tener hijos compensa. Aunque en sentido estricto la gracia no “resarce del daño, perjuicio o disgusto que se ha causado”, te ríes un rato. Eso sí.